Guía · 4 min · Inmersiones
Técnica de descenso con jacket: cómo bajar de forma controlada
Hay un error muy concreto que cometo en mis primeros bautizos — no yo, sino mis alumnos — que siempre me lleva a explicar lo mismo con más detalle: inflarse el jacket en superficie para flotar mejor, y luego no acordarse de desinflarlo antes de empezar a descender. El resultado es un descenso involuntariamente lento, con la persona intentando bajar a patazo limpio contra la flotabilidad del chaleco inflado. Parece menor. Pero ese mismo mecanismo, al revés, es lo que provoca ascensos descontrolados cuando alguien baja con el jacket ya con gas y no lo gestiona.
El principio: desinflado completo antes de sumergirse
La regla de oro del descenso con jacket es sencilla: antes de meter la cara en el agua, el jacket debe estar completamente desinflado. Completamente. Ni un poco de aire «para ir más cómodo». La razón es que el jacket desinflado en superficie estará aún más desinflado a tres metros (la presión comprime el gas residual), lo que hace que la flotabilidad sea predecible y controlable. Un jacket con algo de gas en superficie tiene mucho más gas aparente a medida que bajas — el efecto opuesto al deseado.
Una vez desinflado, la mayoría de buceadores con equipo estándar (traje de 5 mm, botella de acero de 12 litros, 6-8 kg de lastre) son ligeramente negativos en superficie y comienzan a descender sin esfuerzo adicional en cuanto meten la cabeza. Si con el jacket desinflado sigues flotando en superficie, hay dos posibles causas: tienes poco lastre, o el jacket no está completamente vaciado. Asegúrate de que el cable de deflación está levantado mientras te inclinas hacia delante — esa posición facilita que el aire restante salga por el deflactor.
Compensación de oídos y ritmo de descenso
Una vez que empiezas a bajar, el ritmo lo dictan tus oídos, no el deseo de llegar rápido. La compensación debe ser proactiva — anticiparte a la presión antes de que aparezca el dolor — y esto requiere ir despacio en los primeros metros. De uno a tres metros, el cambio de presión es el más pronunciado en términos relativos: pasas de 1 bar (superficie) a 1,3 bar (3 metros), un aumento del 30%. De 30 a 33 metros, el cambio es de 4 a 4,3 bar, solo un 7.5%. Por eso los primeros metros son los más críticos para los oídos.
Si sientes que tus oídos no compensan bien, para el descenso, sube uno o dos metros para reducir la presión y vuelve a intentar la maniobra. Si después de tres intentos en el mismo punto sigue sin funcionar, cancela el descenso. Continuar con oídos sin compensar puede producir barotrauma del oído medio, una lesión que en casos graves tarda semanas en resolverse y puede provocar vértigo bajo el agua — lo peor que puede pasarte a doce metros de profundidad.
Control de la velocidad con el jacket durante el descenso
Si con el jacket desinflado desciendes demasiado rápido para poder compensar cómodamente, puedes añadir una pequeña cantidad de gas al jacket para frenarte. El botón de inflado automático entrega gas en pequeñas pulsaciones; basta con un toque de medio segundo para notar la diferencia. No inflés en exceso: un jacket demasiado inflado en el fondo es el inicio de problemas en el ascenso. El objetivo es descender a un ritmo que te permita compensar sin prisas — aproximadamente 9-12 metros por minuto en los primeros diez metros, un poco más rápido después si los oídos lo permiten.
En descensos en grupo, el primer buceador que llega al fondo no debe alejarse hasta que todos hayan completado el descenso. Si alguien tiene dificultades, el grupo espera. Esto se pacta en el briefing: si no se menciona, en la práctica siempre hay alguien que llega abajo y empieza a explorar mientras alguien de la mitad del grupo aún está luchando con los oídos a siete metros.
El fondo: ajuste de flotabilidad y primera mirada
Al llegar a la profundidad objetivo, dedica los primeros treinta segundos a encontrar el punto de flotabilidad neutra. Ni tocando el fondo ni ascendiendo — flotando a un metro del sustrato. Con el jacket probablemente vacío o con muy poco gas, esto se consigue controlando la respiración: exhalar más profundamente te hunde; retener el aire un segundo al final de la inspiración te sube. Una vez estabilizado, haz una señal de «OK» al compañero, verifica el manómetro (¿cuánto gas te queda después del descenso?) y empieza la exploración. El descenso ha terminado bien.
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