Guía · 3 min · Conocimientos básicos
Profundidad, presión y sus efectos en el cuerpo del buceador
La física del buceo no es complicada, pero tiene consecuencias biológicas que es importante entender antes de que te las explique el fondo del mar. En mi experiencia como médica en contacto con pacientes de buceo, la mayoría de los accidentes que llegan a la cámara hiperbárica tienen una raíz en la incomprensión —o en la ignorancia deliberada— de principios básicos de presión. No hace falta un título de ingeniería para bucear seguro. Hace falta entender una cosa: a mayor profundidad, más presión, y esa presión tiene efectos medibles en gases, cavidades y tejidos del cuerpo humano.
La ley de Boyle y los gases bajo presión
La ley de Boyle establece que a temperatura constante, el volumen de un gas es inversamente proporcional a la presión. En términos prácticos de buceo: a 10 metros de profundidad (2 bar de presión absoluta), un gas ocupa la mitad del volumen que a superficie. A 30 metros (4 bar), ocupa un cuarto. Esto tiene consecuencias en todo lo que contiene gas: la vejiga del jacket se comprime al descender y se expande al ascender, los pulmones cambian de capacidad con la profundidad, y cualquier cavidad del cuerpo que contenga gas (senos, oídos, espacio entre los dientes y la muela si hay caries) se ve afectada por estos cambios de volumen.
La consecuencia más directa: el aire de la botella se agota más rápido a mayor profundidad. A 30 metros, cada respiración consume cuatro veces más moléculas de gas que a superficie porque el gas está cuatro veces más comprimido al entrar en los pulmones. Una botella que a superficie dura cuatro horas, a 30 metros dura una hora. Esta es la razón fundamental por la que las inmersiones profundas consumen más aire y son más cortas.
Barotrauma: cuando el gas no puede compensar
Los barotraumas son lesiones producidas por la diferencia de presión entre una cavidad corporal que contiene gas y el entorno exterior. El más frecuente en buceo recreativo es el barotrauma del oído medio: cuando la trompa de Eustaquio no está suficientemente permeable (por congestión, catarro o mala técnica de compensación), la presión exterior aumenta más rápido de lo que el oído puede compensar y se produce una diferencia de presión que deforma el tímpano. El dolor es la primera señal; si se ignora, puede producirse perforación del tímpano con entrada de agua fría en el oído interno y el vértigo que eso conlleva.
Otros barotraumas posibles: en los senos paranasales (sinusitis que impide la compensación), en los pulmones (si un buceador retiene el aliento durante el ascenso, el gas pulmonar se expande y puede producir rotura de alvéolos), y en los dientes (si hay bolsas de gas bajo empastes o en caries). El barotrauma pulmonar es el más grave: puede causar neumotórax o embolia gaseosa arterial, que es una emergencia médica de primera magnitud.
La narcosis de nitrógeno: el efecto «martini»
A partir de 30-40 metros de profundidad, el nitrógeno disuelto en sangre a alta presión produce un efecto narcótico que se asemeja a la borrachera. El «efecto martini» (un martini de efecto narcótico equivalente por cada 10 metros de profundidad es la regla mnemotécnica clásica) produce euforia, reducción del juicio, lentitud en los tiempos de reacción y, en casos graves, desorientación completa. La narcosis es variable de persona a persona y de día a día: un buceador que aguanta bien a 40 metros un día puede tener síntomas marcados al día siguiente si está cansado, con frío o estresado.
La solución es sencilla: ascender. La narcosis desaparece completamente al subir a aguas menos profundas, sin secuelas. El límite de 40 metros del buceo recreativo tiene, entre otras razones, la de mantenerse en rangos donde la narcosis, si aparece, sea manejable. En buceo técnico con mezclas de helio (que no tiene efecto narcótico), se pueden alcanzar profundidades mucho mayores sin narcosis.