Guía · 3 min · Conocimientos básicos
Enfermedad por descompresión (DCS): causas, síntomas y tratamiento
En doce años de práctica médica especializada en buceo, he atendido casos de enfermedad por descompresión que cubrían todo el espectro: desde un buceador experimentado con un dolor de codo que se resolvió en cámara en dos horas, hasta un caso grave con síntomas neurológicos que requirió varios tratamientos y dejó secuelas temporales. Lo que me llama la atención en retrospectiva es que casi todos los casos compartían un factor: la persona había hecho algo que sabía que no debía hacer, pero creyó que «esta vez no pasaría nada». Subir demasiado rápido, saltarse la parada de seguridad, no respetar el intervalo en superficie, bucear con resaca. La DCS raramente llega sin avisar.
Qué es la DCS y cómo se produce
La enfermedad por descompresión (DCS, por sus siglas en inglés Decompression Sickness) se produce cuando el nitrógeno disuelto en los tejidos durante la inmersión forma burbujas al ascender. Bajo presión, el nitrógeno es absorbido por la sangre y los tejidos igual que el dióxido de carbono se disuelve en una bebida carbonatada. Al abrir la lata (el equivalente a ascender), el gas puede liberar burbujas si la descompresión es demasiado rápida.
Las burbujas pueden formarse en cualquier tejido: en las articulaciones (DCS tipo I, caracterizada por dolor articular, el «bends» clásico), en el sistema nervioso central (DCS tipo II, el más grave, con síntomas neurológicos), en los pulmones (chokes, con tos y dolor torácico) o en la piel (marbling, manchas en la piel, generalmente benigno). El tipo y la gravedad dependen de cuánto nitrógeno se había acumulado, de la velocidad del ascenso y de la susceptibilidad individual del buceador.
Factores de riesgo: qué aumenta la probabilidad
Varios factores aumentan el riesgo de DCS incluso en inmersiones dentro de los límites teóricos. Los más relevantes: deshidratación (la sangre más espesa transporta menos eficientemente el nitrógeno hacia los pulmones), cansancio (la circulación es menos eficiente y la eliminación de gas más lenta), frío (vasoconstricción periférica que reduce el flujo sanguíneo en extremidades), esfuerzo físico intenso en las horas posteriores a la inmersión (activa la circulación y puede movilizar burbujas latentes) y vuelo en avión en las 12-24 horas posteriores a la inmersión (la presión de cabina reduce la presión ambiental y puede precipitar burbujas en gas ya parcialmente disuelto).
El foramen oval permeable (FOP) es una condición cardíaca presente en aproximadamente el 25-30% de la población que permite el paso de burbujas venosas al sistema arterial sin pasar por el filtro pulmonar. Los buceadores con FOP tienen mayor riesgo de DCS neurológica, especialmente en inmersiones repetitivas o en condiciones límite. El FOP puede detectarse con ecocardiografía de contraste y, si el buceador es muy activo, puede cerrarse quirúrgicamente (procedimiento ambulatorio con resultados muy buenos).
Síntomas y diagnóstico: cuándo sospechar DCS
Los síntomas de DCS aparecen habitualmente en las primeras horas después de la inmersión (el 90% en las seis primeras horas). Los más frecuentes en orden de aparición: dolor articular (generalmente rodillas, hombros, codos), cansancio inusual, parestesias (hormigueo o entumecimiento), debilidad muscular, dolor de cabeza y mareo. Los síntomas neurológicos graves (parálisis, visión doble, pérdida de conciencia, disfagia) son menos frecuentes pero indican DCS tipo II y requieren traslado urgente a cámara hiperbárica.
La regla de oro: si hay cualquier síntoma inusual después de una inmersión, asume DCS hasta que se demuestre lo contrario. Administrar oxígeno al 100% con mascarilla facial (no gafas de oxígeno de bajo flujo: no sirven) y trasladar al buceador a la cámara hiperbárica más cercana. En España, la Red de Cámaras Hiperbáricas de la Armada está disponible para emergencias civiles; el teléfono de coordinación es el 91 544 00 00.
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